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La hora ha llegado

  • 1 sept 2018
  • 7 Min. de lectura

Juan 17:1-26

Encontramos este episodio en el que el Señor Jesús se encuentra frente al hecho irreversible de afrontar la cruz.

Y es difícil abordarlo, tratar de interpretar el pensamiento del Señor Jesús acercándose al Padre en oración.

¿Qué transmite esta oración a la iglesia de Cristo?

Lo primero que tenemos que ver en este pasaje es la enseñanza que el Señor nos da a cerca de la oración. Se ha dicho mucho acerca de la necesidad del creyente de estar orando. Se le compara como la misma necesidad del ser humano de respirar para poder vivir. Y es que el respirar no implica ningún esfuerzo, es un acto natural que se realiza para sobrevivir. A los hijos de Dios, a todo aquel que ha venido en fe atraído por Su amor no debería costarle ningún esfuerzo acercarse a Él en oración. De igual forma que respirar, éste debería ser un ejercicio espiritual natural.

Dios en su palabra nos ordena el ejercicio de la oración:

Jeremías 33:3 "Clama a mí, y yo te responderé y te revelaré cosas grandes e inaccesibles, que tú no conoces."

Romanos 12:12 gozándoos en la esperanza, perseverando en el sufrimiento, dedicados a la oración,

Colosenses 4:2 Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias;

Judas 1:20 Pero vosotros, amados, edificándoos en vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo,

Tanto el AT como el NT nos brindan ejemplos de hombres y mujeres de oración.

Luego de que Jesús ascendió al cielo sus discípulos se dedicaban a la oración, estos versículos dan cuenta de ello:

Hechos 1:14 Todos éstos estaban unánimes, entregados de continuo a la oración junto con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con los hermanos de Él.

Hechos 2:42 Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración.

La vida y ministerio de los apóstoles estuvo soportada en la oración. Pero hoy, la oración es el último recurso. Son más las oraciones de peticiones que de acciones de gracias, alabanzas y de escuchar la voz de Dios.

En Jesús encontramos el mejor ejemplo de un hombre de oración, aun siendo el hijo de Dios, desde el inicio de Su ministerio dedico tiempo a la oración, a la comunión con Su Padre.

“Pero de todas las oraciones de Jesús, la registrada aquí en el capítulo 17 del Evangelio de Juan es la más profunda y magnífica. Sus palabras son claras pero majestuosas; simples pero misteriosas. Sumergen al lector en profundidades insondables de la comunicación Inter trinitaria entre el Padre y el Hijo y abarcan toda la extensión de la historia redentora, desde la elección hasta la glorificación, incluyendo temas de regeneración, revelación, iluminación, santificación y preservación. El velo se corre y Jesús lleva al lector al lugar santísimo, al mismo trono de Dios. (Comentario MacArthur del nuevo testamento: Juan, pag 754)

La aceptación de Su muerte en la cruz y el futuro de Su iglesia

Cuando iniciamos la lectura de esta pasaje (Juan capítulo 17) encontramos al Señor Jesús con Su mente puesta en la cruz pero a su vez puesta en el futuro de sus discípulos y de todos los creyentes que vendrían detrás de ellos. Este hecho nos revela el amor misericordioso de Jesús demostrado en la aceptación de Su muerte en la cruz.

Para los hombres la cruz era una vergüenza, pero Dios la transformó en un símbolo de Su Gracia y de Su poder redentor.

Cristo en la cruz es símbolo de la muerte y sufrimiento, pero para nosotros tiene un significado de redención y salvación.

¿Por quién oró Jesús?

-Oró por Si mismo (ver.1-5)

-Oró por sus discípulos (ver. 6-19)

-Oró por los futuros discípulos. (ver. 20-26)

Se ha considerado este capítulo como el más solemne, profundo y elevado en el NT. Es la “oración del sumo sacerdote” o “la oración sacerdotal de Jesús”

El Manual Bíblico de Unger (pag 571), resalta siete peticiones importantes:

1. Que el Hijo sea glorificado, 1. Esto tiene directa relación con nuestra salvación. El glorificó al Padre en su vida y en la consumación de su obra, (v. 4). Aquí está la base de nuestra salvación. Él tenía poder para otorgar vida eterna a cuantos el Padre le diera, 2. El Señor hizo una definición de la salvación, (v. 3).

“Por eso, cuando Jesús dijo al Padre: estaba pidiendo que el plan eterno de redención se consumara exactamente como se había determinado en su soberanía. Es importante notar que ésta fue la única petición de Jesús para sí en toda la oración: que el Padre le concediera la gloria que sería suya por medio de su muerte, resurrección, ascensión y coronación, como se había planeado en el pasado eterno. El hecho de que el Hijo comparta la gloria con el Padre afirma su deidad, pues Dios no da su gloria a otros). (Tomado de Juan, John MacArthur pag. 779)

Isaías 42:8-9 Yo soy el SEÑOR, ése es mi nombre; mi gloria a otro no daré, ni mi alabanza a imágenes talladas.

Isaías 48:11 Por amor mío, por amor mío, lo haré, porque ¿cómo podría ser profanado mi nombre? Mi gloria, pues, no la daré a otro.

2. Recuperación de la gloria que tuvo con el Padre, antes de su encarnación, (v. 5). Esto abarca su gloriosa persona. Solamente Él estaba capacitado para ser un Salvador eficaz.

3. Que los suyos sean guardados del mundo, (v. 11), y del "Maligno", (v. 15), Esto se relaciona con la seguridad de los pecadores salvados.

4. La santificación de los creyentes, (v. 17). Esto les aseguraba su comunión con Dios y una vida fructífera.

5.La unidad espiritual de los creyentes, (v. 11, 20-21). Esto comprende la venida del Espíritu en Pentecostés (Hechos 1.5; 2.4; 11.14-16) para bautizar a los creyentes en una unión vital con Cristo (Romanos 6.3-4) y a cada uno de ellos en Cristo (1 Corintios 12.13).

6. Para que el mundo crea. (v. 21). Es el reconocimiento de la unidad de la iglesia con Cristo y con todos los creyentes que hubieren nacido de nuevo, (v. 20).

7.Para que los creyentes puedan estar en el cielo con Él para verlo y compartir su gloria, (v. 24). Esto habla de la seguridad de ellos, y es garantía de que todos los suyos gozarán de eterna felicidad.

¿Pero qué nos enseñan estos gloriosos pasajes?

“Levantando los ojos al cielo” Siendo el hijo de Dios, Jesús está reconociendo Su dependencia del Padre, reconoció Su total confianza en Dios, Su obediencia. Se dirige a Dios como su “Padre”. Y no solo es la práctica de una buena costumbre, está reflejando la comunión íntima con el Padre. Y es que para venir y permanecer delante del Padre es esencial la renuncia a nuestro yo. La más mínima señal de altives, de orgullo, de desobediencia, ya es un impedimento para ser escuchados. (Proverbios 15:8; Isaías. 1:15)

La hora ha llegado

Jesús a través del evangelio de Juan, siempre dejó claro que su hora no había llegado aún, lo vemos en estos versículos:

Juan 2:4 Y Jesús le dijo*: Mujer, ¿qué nos va a ti y a mí en esto ? Todavía no ha llegado mi hora.

Juan 7:6 Entonces Jesús les dijo*: Mi tiempo aún no ha llegado, pero vuestro tiempo es siempre oportuno.

Juan 7:30 Procuraban, pues, prenderle; pero nadie le echó mano porque todavía no había llegado su hora.

Juan 8:20 Estas palabras las pronunció en el lugar del tesoro, cuando enseñaba en el templo; y nadie le prendió, porque todavía no había llegado su hora.

Cuando Jesús hace esta declaración “la hora ha llegado”, no está simplemente resignándose o dándose ánimo. Está reconociendo que ha llegado el cumplimiento del decreto divino. Está próximo a consumarse el acto de misericordia más grande,

No era solo su muerte, era la consumación de su ministerio terrenal: muerte, resurrección, ascensión y coronación.

Muchas cosas son las que se cumplirían. A los ojos del hombre, lo que estaba por suceder en el ámbito terrenal era solamente una sacrificio más, la crucifixión de un hombre. Pero en el ámbito espiritual sucederían cosas que trascenderían a la eternidad.

Lo que para los hombres parecía ser un momento de vergüenza suprema, en realidad era el momento del más grande honor para Cristo;

“la hora ha llegado” es la afirmación o más bien la declaración de Jesús de cumplir el plan más maravilloso de redención para la humanidad: Ha llegado la hora para (Estos pasajes hablan por sí mismos de lo que en ese instante estaba por suceder):

  • 2 Corintios 5:21 Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El.

  • Colosenses 2:14 habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz.

  • 2 Corintios 5:18-21 Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; a saber, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación. Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaos con Dios! Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él.

Había llegado la hora de reconciliar al mundo por medio de la muerte del hijo de Dios. Y lo más maravilloso y glorioso, en este instante estaba Dios en Cristo haciendo realidad esa reconciliación.

Es Pedro que en pentecostés ve con claridad el propósito eterno del Padre:

Hechos 2:23 a éste, entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios, clavasteis en una cruz por manos de impíos y le matasteis,

Había llegado la hora del cumplimiento de todas las profecías del antiguo testamento. Estaba por ejecutarse el plan eterno de Dios.

Había llegado la hora para hacer todo cuanto estaba decretado en el consejo eterno. Acá cobra mayor sentido el tiempo que toma Jesús para orar al Padre.

 
 
 

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