Cuando Dios nos vio en la eternidad
- 17 jul 2018
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En Juan 17:6 Jesús tomó tiempo para orar por sus discípulos y por cada uno de nosotros.
Jesús ve a cada uno de los creyentes como aquellos que fueron sacados del mundo y dados por el Padre, como aquellos a quienes les manifestó Su Nombre y han guardado Su Palabra.
Es por cada uno de estos discípulos y por cada uno de nosotros que el Señor Jesús tomó tiempo para orar, y es por esa oración que hemos llegado a conocerle, a caminar en sus caminos y recibir Su palabra. Es por causa de ella que le hemos recibido y entendido que Él proviene del Padre.
El primer tema que trata el Señor Jesús es la obediencia de los discípulos. Acá nuevamente vemos la soberanía de Dios para llamar a su pueblo y la responsabilidad del hombre de responder a ese llamado. El ser apartados por el Padre y entregados a Su hijo para salvación, no nos exime de responder en obediencia y fe a Su Palabra.
Pablo en su carta a los Romanos declara que su labor es llevar a todos los gentiles a la obediencia a la fe. Pero en Romanos 15:18 declara que no es él, sino Cristo el que realiza la obra en el creyente.
Romanos 15:18 Porque no me atreveré a hablar de nada sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, en palabra y en obra. (NTV)
La obediencia no es una obra del hombre que en algo contribuya para la salvación, es el resultado de la fe puesta en el Salvador. (Efesios 2:8-10)
La obediencia del creyente para guardar Su Palabra no proviene de un esfuerzo personal, es el resultado de haber sido entregados por el Padre al Hijo. Es la respuesta con fe a la verdad que recibieron.
Es necesario escuchar y recibir la palabra de Dios y arrepentirse. Solo por ella llegamos a salvación. De ahí lo Importante de la predicación del evangelio. Lo reconoce pablo en:
Ya entendiendo quienes son los discípulos del Señor, veamos qué es lo que el Señor Jesús pide por ellos:
Protección
Santificación
Unidad
Protección
Jesús no oró para que saliéramos del mundo, oro para que en el mundo fuéramos guardados del mal.
Es necesario que estemos allí para ser sal y luz.
Mientras Jesús estuvo en la tierra guardó a los discípulos, ahora que sabe que vuelve al padre no los quiere dejar desprotegidos y expuestos.
¿Ser guardados de qué? Del sufrimiento, acaso de la enfermedad. De problemas, las dificultades. No
Jesús pide que sean protegidos en su fe y más entendiendo que los próximos días serían críticos. Ellos serían perseguidos, expuestos al odio y talvez dudarían de Su señor. Y es a través de la revelación de Su Palabrada y de Su nombre que ellos y nosotros somos guardados.
Nunca nos dejará la confianza que tenemos en el amor misericordioso de Dios, amor que siempre estará sobre sus hijos.
En los versículos 12 al 16, la petición no es que sean librados de dificultades o inconvenientes. Es permanecer aferrados a esa revelación a pesar de los inconvenientes. Cristo está pidiendo que las aflicciones de este mundo no nos lleven a olvidar quien es el Padre y terminemos lejos de Él.
Todos aquellos que tiene su origen en Dios son guardados por el Hijo, permanecen en Su presencia y son librados del maligno. Este concepto también lo explica Juan en su primera carta
Satanás siempre querrá tocar a los hijos de Dios, Jesús siempre nos guardara, recordemos que pertenecemos a Dios, no a satanás.
Es decir, durante todo su ministerio, por medio de la enseñanza y de los milagros, Jesús había cumplido su tarea como buen pastor de las ovejas. Por ello las había guardado Él mismo día tras día, presentándoles constantemente todo lo que había oído del Padre
“Yo los he guardado, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. El trabajo y amor constante de Jesús permitió que ellos permanecieran fieles.”
Cuando Jesús dijo, “ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición”, no estaba diciendo que estuvo pendiente de once y solo uno de ellos se perdió. Jesús siempre estuvo consciente de la condición de “hijo de perdición” de Judas. Esto ocurrió para que se cumpliese la escritura.
Judas nunca perteneció, sus prioridades eran posición y dinero. Realmente ninguno de sus discípulos se perdió.
En forma más completa lo que Jesús quiere decir es esto:
“Y los guardé, y ninguno pereció. Pero el hijo de perdición sí pereció”.
Santificación
¿Que está pidiendo específicamente al orar por santificación y a que se refiere con “Y por ellos yo me santifico,”?
Santificar es poner algo aparte para el uso exclusivo de Dios, que no se puede utilizar en el uso ordinario y se emplea con especial cuidado porque es propiedad de Dios.
Un ejemplo es el monte Sinaí:
Este monte fue apartado para Dios, allí entregó la ley a Moisés. Fue apartado de los demás montes para uso exclusivo de Dios.
En este sentido Jesús fue apartado, consagrado para redimir al pueblo de Dios. No que Jesús necesitara un proceso de santificación que iniciara con el morir al pecado y siguiera un crecer en toda virtud.
Jesús es apartado, se ofrece voluntariamente con el propósito que los creyentes puedan ser verdaderamente santificados. Apartados para Dios. Apartados y calificados para la obra de Dios.
¿Y cómo los santifica?
Iniciamos con la posición que pasamos a ocupar el mismo día que recibimos a Cristo como Señor y Salvador. Ese día somos apartados para Dios, aunque todavía tenemos muchas impurezas en nosotros.
Proceso de santificación: Es la transformación que el creyente comienza a experimentar a partir del día de su conversión y termina el día de su muerte terrenal. Este proceso es llevado a cabo por el Espíritu Santo en nosotros, y lo experimentamos en la medida en que Él aplica la palabra de Dios a nuestras vidas.
Nada de esto tiene mérito alguno del hombre. Todo lo que hizo Cristo, venir como hombre, sufrir la cruz, levantarse en victoria tenía el propósito de hacer santos a los elegidos por el padre.
Unidad
Juan 17:20-26
En esta parte de la oración sacerdotal el Señor Jesús incluye a los creyentes que han de venir a la fe por causa de la predicación de los discípulos. La iglesia universal de Cristo fue incluida en esta oración, nadie fue excluido, todos los que el Padre le dio al hijo para salvación fueron objeto de su ruego antes de ir a la cruz.
Es por misericordia y gracia que hoy podemos estar acá y confesar a Cristo como nuestro Señor y salvador.
Para el Señor no hay distinción, todas las ovejas vendrán y será un solo rebaño con un solo pastor.
Ante los ojos del hombre hay un inicio en Dios, cuando nos acercamos a él por la fe, pero para Dios desde antes de la fundación del mundo ya habíamos sido llamados, ya nos había apartado en Cristo Jesús. Efesios 1:4-5
En el corazón de Jesús permanece su iglesia universal, es la razón por la que fue a la cruz. No nos ve como individuales, el desea que esa unidad que existe entre el Padre y el hijo se pueda ver y experimentar en Su pueblo. Este es el ruego:
El tipo de unidad por la que ruega Jesús, no es una unidad de carácter externo o con algunos matices de carácter humano. El estándar de esta unidad y que ya se había visto en el v. 11 está dada por la unidad entre el Padre y el Hijo. Es de carácter espiritual, interna.
Con base o como fundamento principal la vida de Cristo en cada creyente. Se da cuando hemos nacido de lo alto y estamos en el Padre.
Esta unidad tiene un glorioso propósito:
La relación única intra-trinitaria de Jesús con el Padre y el Espíritu Santo conforma el patrón de unidad de los creyentes en la Iglesia.
Esta oración revela cinco características de la unidad que la Iglesia imita:
1. El Padre y el Hijo están unidos en motivación; están igualmente comprometidos con la gloria de Dios. Jesús comenzó su oración diciendo: “Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti” (v. 1), como lo había hecho durante todo su ministerio (v. 4).
La Iglesia también está unida en el compromiso común de la gloria a Dios. Pablo escribió: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31).
2. El Padre y el Hijo están unidos en la visión. Comparten la meta común de redimir a los pecadores perdidos y les conceden vida eterna, como Cristo ya lo había dejado claro en esta oración. (v. 2-4,6)
La Iglesia vive para ir en pos del objetivo de evangelizar a los perdidos, haced de ellos discípulos, bautizándolos y enseñarles a obedecer los mandatos del Señor, y eso queda claro en las palabras de Jesús en Juan 17:18 “Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo” (cp. Mateo 28:19-20).
3. El Padre y el Hijo están unidos en la verdad. Jesús dijo: “Las palabras que me diste, les he dado”, mientras en el versículo 14 añadió: “Yo les he dado tu palabra”.
La Iglesia también está unificada en su compromiso de proclamar la verdad singular de la Palabra de Dios. (Romanos 15:5-6)
4. el Padre y el Hijo están unidos en santidad. En el versículo 11 Jesús se dirigió al Padre como “Padre santo” y en el versículo 25 como “Padre justo”. Toda la santidad de Dios se expresa a lo largo de los dos Testamentos. La santidad de Dios es su separación absoluta del pecado.
En la iglesia cuando los incrédulos ven a los creyentes unidos en pos de la santidad, se verán atraídos a Cristo. En Hebreos 12:14 el autor exhorta así a sus lectores: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”. Si la Iglesia tolera el pecado, oscurece la gloria de Cristo que está llamada a irradiar.
5. El Padre y el Hijo están unidos en amor. En el versículo 24 Jesús afirmó que el Padre lo había “amado desde antes de la fundación del mundo”. En Juan 5:20 Jesús dijo: “Porque el Padre ama al
Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace”
En la iglesia, el amor es el “pegamento” que mantiene unidos a los creyentes (Colosenses3:14) y ese amor mutuo será lo loable de la Iglesia al mundo perdido (Juan 13:34-35).
Cuando los creyentes muestran en su vida que han estado con el Señor, sus acciones y actitudes, que hablan más fuerte que las palabras, apuntarán hacia Cristo como la fuente de su fortaleza moral y espiritual. Así pues, los de afuera, que antes despreciaban a Cristo, comenzarán a pensar favorablemente en él. Cuando el Espíritu Santo produce en su corazón esta nueva forma de pensar, estos hombres, que hasta ese momento pertenecían al mundo, creerán que los maravillosos relatos tocantes al carácter y a la misión de Jesucristo son realmente verdaderos. El mundo creerá entonces “que tú me enviaste”.
Cuando Dios mora en el Hijo, y éste (por medio del Espíritu) mora en aquellos que han confiado en él, entonces, naturalmente, estos creyentes pasan a participar de todas las riquezas que hay en Cristo: perdón, justicia, amor, gozo, conocimiento, sabiduría, etc. Y cuando todos los miembros de la iglesia universal se hayan convertido en partícipes de estas bendiciones, la iglesia, desde luego, será una, como el Padre y el Hijo son uno (V. 21). Y esta es la razón misma de por qué Cristo dio toda esta gloria a los creyentes, a saber, “para que sean perfectos en unidad” (literalmente, “para que puedan ser conducidos completamente a la unidad”). (William Hendriksen p. 482)
Luego de ver que el Señor Jesús tomó un momento para orar por nosotros antes de ir a la cruz, solo nos queda postrarnos ante Su presencia, adorarlo y exaltarlo.
Gracias Señor Jesús porque a causa de esa oración en el aposento Alto hoy estoy delante de ti. Gracias porque en tu corazón siempre ha estado la iglesia universal, es tu más preciado tesoro y por causa de ella fuiste a la cruz en muerte sacrificial. Padre gracias por rescatarnos del mundo y colocarnos en Cristo para salvación.
Amen
Referencia
William Hendriksen. 2016. ¨Evangelio de Juan¨





























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