Un llamado, una responsabilidad
- 15 dic 2017
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Luego de comprender el tipo de relación de los discípulos y de nosotros con Jesús, queda claro de quién es la iniciativa para iniciar una nueva relación. Es Él quien nos llama, quien nos busca. Somos el objeto de Su amor y de Su misericordia.
Efesios 1:4 (LBLA) según nos escogió en El antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor.
A diferencia de la forma en que las amistades terrenales se inician, con una intencionalidad de ambas partes, Jesús siempre fue quien tuvo la intención de buscarnos. Ni sus discípulos, ni nosotros, ni nadie que viene a Él ha tenido ese impulso.
Esta afirmación: “Vosotros no me escogisteis a mí, sino que yo os escogí a vosotros” confirma la iniciativa del amor de Jesús por acercarnos a Él. Su amor incondicional, perfecto y eterno refleja su soberanía para buscarnos e impedir que caminemos separados de Él. Y ha sido siempre así, No fue algo especial que ocurrió a partir de la venida de Cristo. En el A.T. vemos como Dios siempre tuvo la iniciativa de buscar a su pueblo. Pero recordemos no había nada especial en nosotros para que fuéramos el objeto de ese amor. Al contrario, cuando Él nos busca estamos en la condición más extrema de pecado.
Deuteronomio 7:7-8 (LBLA) : El Señor no puso su amor en vosotros ni os escogió por ser vosotros más numerosos que otro pueblo, pues erais el más pequeño de todos los pueblos; más porque el señor os amó y guardó el juramento que hizo a vuestros padres, el señor os sacó con mano fuerte y os redimió de casa de servidumbre, de la mano de Faraón, rey de Egipto.
Oseas 14:4 (LBLA) Yo sanaré su apostasía, los amaré generosamente, pues mi ira se ha apartado de ellos.
Isaías 41:8-9 (LBLA) Pero tú, Israel, siervo mío, Jacob, a quien he escogido, descendiente de Abraham, mi amigo; tú, a quien tomé de los confines de la tierra, y desde sus lugares más remotos te llamé, y te dije: "Mi siervo eres tú; yo te he escogido y no te he rechazado:"
Este no es un llamado particular. Es el llamado que hace Dios para salvación pero también para llevar fruto (Juan 15:5) y no es un fruto temporal, es un fruto que permanece, y permanece porque es Cristo quien lo produce y Él no se aparta de nosotros.
¿Y qué es el fruto? “es la vida de Jesús siendo vivida y manifestada a través nuestro.” Es un llamado con propósito. No es un llamado para vivir en Él mientras muchos se pierden. Es compartir el evangelio de salvación.
Mateo 28:19 (LBLA) Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.
Lucas 24:47 (LBLA) y que en su nombre se predicara el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.
Hechos 13:47 (LBLA) Porque así nos lo ha mandado el Señor: te he puesto como luz para los gentiles, a fin de que lleves la salvación hasta los confines de la tierra.
Y recordemos, ¿cómo sabemos que todo lo que pidiéremos al Padre Él nos lo dará? porque lo pedimos en su nombre, por causa de esa nueva relación no pediremos nada que esté fuera de Su propósito. No le pediremos algo que no le de gloria.
El Señor nos muestra también la importancia del evangelismo unido a la oración,
Lucas 10:2 (LBLA) Y les decía: La mies es mucha, pero los obreros pocos; rogad, por tanto, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.
Jn 15:17 Esto os mando: que os améis los unos a los otros.
Jesús al decir a los discípulos que permanezcan en él (Juan 15: 1–11), y especialmente al recordarles Su gran amor al escogerlos (versículo 9), tenía un gran propósito en la mente, a saber, “para que os améis unos a otros”.
Pero difícil es amar a los hermanos en nuestras fuerzas, siempre encontraremos disculpas para no hacerlo, debe ser el amor de Dios en nosotros el que nos impulse a hacerlo, no nosotros mismos.
Entonces no sólo lo amamos a Él porque Él nos amó primero, sino que también nos amamos unos a otros porque Él nos amó primero. El amor de los unos por los otros es una extensión del amor de Cristo por nosotros. Es “el amor de Dios derramado en nuestros corazones” con tanta abundancia que se derrama en las vidas de otros.
1Tesalonisenses 4:9 (LBLA) Mas en cuanto al amor fraternal, no tenéis necesidad de que nadie os escriba, porque vosotros mismos habéis sido enseñados por Dios a amaros unos a otros.
Romanos 5:5 (LBLA) y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado.
¿Hemos pensado que el llamado que nos hizo Dios fue el resultado de algún mérito personal, que somos especiales en medio de todos para que fuéramos objeto de Su amor y que todas Sus bendiciones nos alcanzaran?
Jesús en el aposento alto reúne a sus discípulos para compartir una última cena con ellos, para instruirlos y animarlos para lo que habría de venir, cuando Él no estuviese en medio de ellos. Estas palabras no solo fueron alentadoras para ellos, también para nosotros poder entender que fue por sola gracia que nos llamó. Cuando no nos acordábamos de Él, Él ya nos había buscado con misericordia para llevarnos al Padre.
REFERENCIAS:
William Hendriksen, El evangelio según San Juan. Pag 440-441
John Mcarthur, Comentario del nuevo testamento. Juan pag 676-677

























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